Los textos publicados en este blog figuran en el registro de la propiedad intelectual y están protegidos por derechos de autor.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Y ahora, qué

 Después de conseguir mi objetivo, trabajar ¿Significa eso que voy a abandonar el blog?

Noooooooo, bajo ningún concepto.

Me va a costar ser constante, pero nada más. Sigo recopilando historias, como las que se pueden leer en las hojas caídas de los árboles o entre los cristales de esta pequeña ciudad.
En lo sencillo, lo que pasa cada día por delante de nuestras narices, está la gracia de todo. Así que continuaré buscando pistas en la calle, huellas de hadas y gigantes entre las marcas de neumático quemado. Relatos de niños que aparecen de repente, sin llamar y situaciones ridículas que decoren mi currículum.
Siempre hay algo que contar, afortunadamente.

Esta semana creo que desarrollé una, dos, tres... hasta cuatro profesiones diferentes. En mi anterior trabajo, uno de mis jefes me llamaba Laura multifunción y no le faltaba razón.
Había que preparar un acto para más de 200 personas y éramos dos para sacarlo adelante en cuestión de 14 días. Un estrés. Me costaba hasta desayunar y eso que yo no paso sin mi bol de cereales ni de broma.
Por fortuna tengo un botoncito rojo en el ombligo que activo para estas ocasiones, "Sólo en caso de emergencia", pone en letras pequeñitas y funciona, vamos que si funciona. El demonio de Tasmania es una tortuga a mi lado. La parte mala es el desgaste físico que te crea después, me pasé casi dos días durmiendo, pero mereció la pena. Todo salió bien y la empresa nos dejó hacer puente en compensación.

Gracias a eso pude ir a ver a mi hermano cantar.
El alcalde inauguraba el alumbrado de Navidad y el coro de él era el encargado de ponerle música al momento. Hacía mucho frío. Mis padres, mi amiga Elsa y yo estábamos ateridos, esperando junto a un grupo de personas que miraban expectantes al palco, sin saber qué iba a pasar.
Yo llevaba mi gorrito años 30, regalo de cumpleaños y Elsa su abrigo polar. De vez en cuando, dábamos saltitos a los lados para entrar en calor, como los gorriones.
Pero entonces surgieron las voces de los chavales, que aparecieron sobre el escenario con gorritos de Papá Noel -mi hermano también, pese a sus 20 añitos-.
Bombillas azules y blancas iban decorando árboles y plazas. La noche se iluminó y un árbol gigante al lado del Obelisco se cubrió de luciérnagas. Fueron los primeros villancicos de diciembre, mucho mejores que los de los centros comerciales. Algo para recordar.



Creo que me va a gustar este mes de diciembre.

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡¡¡¡¡ESTOY VIVAAAAA!!!!!

Ahora más que nunca, quizá demasiado. El subidón de adrenalina de estas semanas no tiene nombre.

¡¡¡¡¡¡¡TENGO TRABAJO!!!!!!!

Y no un trabajo cualquiera, un trabajo espectacular, de esos en los que te sientes completamente realizada porque puedes aplicar en él todas tus habilidades y sentirte útil por ello. 
Cuando eres consciente de que algo se te da bien, puedes conseguir muchas cosas y si además, te ponen desafíos en circunstancias límite, los superas -con un coste emocional bastante alto-, pero después recibes una oleada de felicitaciones por lograr lo que parecía imposible...





Sólo puedo decir que ahora sé lo que es volar en la pista de baile como Enrique Iglesias.

Se me disparan las neuronas y se multiplican por mil. Tengo que trabajar tanto que no tengo tiempo ni de ver los mails, ni de tener fines de semana libres y mucho menos de escribir este blog (lo cual extraño profundamente), me tardo en dormir porque pienso en todo lo que tengo que hacer al día siguiente, pero me gusta mi trabajo, ME ENCANTA.

Lo he pasado mal, es cierto, las primeras semanas -empecé el dos de noviembre y el proceso de entrevistas también fue desesperante- han sido un infierno de estrés y angustia porque no sabía si iba a poder cumplir los plazos que me ponía mi jefa, impuestos por una mala organización y chollo atrasado, pero una avalancha de amigos acudió en mi ayuda, sumando a mis dos manos unas treinta más; mi propia familia se volcó conmigo para llevarme en coche cuando fuera necesario, hacerme gestiones bancarias, recaditos varios o compartir mi desesperación cuando las cosas, en el último momento, se cayeron como un castillo de naipes. Pero después de todo, como en los cuentos, he tenido mi final feliz y ahora puedo respirar tranquila con la satisfacción de que me he superado a mí misma, sobrepasando mis capacidades y haciendo, ¡qué diablos!, ¡¡UN TRABAJO COJONUDO!!.

La que empezó siendo Cenicienta en esta aventura, ahora se ha cubierto de gloria y aspira a dominar el mundo. Nunca me había sentido tan bien. Hasta estoy pensando en crear mi propia empresa.
Soy más feliz que las endorfinas que genero.

Es verdad, no hay nada imposible. Después de un año en el paro, en el que la única esperanza laboral que podía tener era mendigar; de la noche a la mañana, tras un número incalculable de currículums enviados, cursos de formación y contactos revueltos, ¡¡me llaman del INEM!!
La única de las opciones para encontrar empleo que no estaba en mi lista (estaba apuntada, pero todos saben lo mal que funciona ese tinglado del Gobierno) y no para hacer de Mamá Noel en las fiestas, sino para ofrecerme un puesto de responsable de comunicación en una asociación sin ánimo de lucro, con un sueldo más que digno en los tiempos que corren.

Por cierto, sé que no lo he dicho, pero soy plumilla. Una plumilla fuera de lo normal y muy alejada de los clichés del periodismo, aunque eso sí, me encantan los sombreros de gánster.
Por esa razón, porque no sé vivir sin contar historias, escuchar a los demás, investigar y tomarme las cosas en serio; porque soy terriblemente sensible y nunca sería capaz de aprovecharme de nadie, ni de falsear la información para favorecer a los poderosos y empequeñecer al pueblo; no encajo con lo que los directivos de los grandes medios esperan de mí.

Así que mi sueño era salir de las leyes establecidas de la prensa y Crear, con C mayúscula, algo nuevo, en lo que la gente pudiese ampararse para intentar ser mejores cada día: más inteligentes, más críticos y más concienciados de que el futuro está en sus manos.
Quería llevar la ilusión allí donde hiciese falta, así nació este blog y así espero, desde mi asociación, seguir haciéndolo a una escala mayor.

¡¡¡¡¡¡¡QUE SE PREPAREN TODOS, QUE ALLÁ VOYYYYYYYYYY!!!!!!!!!

miércoles, 27 de octubre de 2010

A mi manera



Esto no es una canción, es mucho más que eso, una lección magistral de cómo hay que enfrentarse a la vida. Procuro tenerla presente siempre y forma parte de mi banda sonora, la que canturreo cuando me dejo caer por algún lado.
Me ayuda a tener la cabeza en su sitio, a saber lo que merece la pena y lo que no.
Así comprendo que los errores son habituales y forman parte del camino, que de ellos se aprende más que de los aciertos y que no se deben despreciar, porque uno a uno forman parte de ti y gracias a ellos eres como eres.
Me recuerda que el éxito no es la meta final, sino todo lo que hagas por alcanzarlo.
Por ella sé que un futuro predecible, es un futuro aburrido y que es necesario saber improvisar para disfrutar de las subidas y bajadas de tu presente, que es lo que tenemos delante de nuestras narices. Todo lo demás, afortunadamente, es incontrolable.
Tampoco dice que recorrer todas las etapas pendientes sea una tarea fácil, pero sí que nos compensará con creces intentarlo. Aconseja, pues, echarle pasión a cada instante, como si fuese el último, siempre fieles a nuestras convicciones y en la medida en la que nos lo permita nuestra imperfecta condición de seres humanos. A ser posible con humor, porque el tiempo le otorgará otra perspectiva a las cosas, por tristes que parezcan.
Pero sobre todo, lo más importante, y que según Frank, deberías tener en cuenta constantemente, es que, pase lo que pase, lo hagas siempre a tu manera.

martes, 26 de octubre de 2010

Jornadas de doce horas

Hoy me di cuenta de que el sol y yo tenemos el mismo horario laboral. Los dos nos levantamos a las ocho de la mañana y no paramos hasta las ocho de la tarde durante cinco días a la semana.
La diferencia está en que él trabaja también los sábados y festivos por amor al arte.
Yo le digo muchas veces, en la pausa del café, que por qué no se toma un descanso, que tampoco se va a acabar el mundo porque se quede en casa una vez, pero él me insiste en que si el ciclo de la vida, las estaciones... Excusas, la realidad es que se aburre mucho y le encanta la oficina, con sus nubes, sus pajaritos, su nieve y demás familia.
El caso es que después no creas que se rompe la cabeza, se queda ahí colgado, "IRRADIANDO LUZ", como dice él y santas pascuas
De todas formas, si el jefe no le suelta nada, yo no me voy a quejar, le tengo bastante cariño y ya que el pobre hace horas extra por el planeta adelante, pues también hay que tenérselo en cuenta.
Es un compañero un poco tímido, de esos que están ahí como si no estuvieran, pero cuando llega tarde por lo que sea... se le echa en falta.
Me acuerdo de una vez que me sentía fatal, de esto que estás sin ganas de hacer nada, ¿no? y no sabes por qué. Pues de repente, apareció él y surgió la motivación. Así sin más. Pero no sólo pasó conmigo, sino que a todos los que estaban a mi lado, ¡oye, les cambió la cara!
Es un tío agradable, no sé, tiene un don.
A última hora aún nos hicimos compañía... Bueno, en los últimos coletazos del día, ya sabes, cuando estás más cansado y parece que todo lo que dices se vuelve más trascendental.
Los dos miramos al horizonte y esperamos, como dos ancianos en un banco, sin decir nada, viendo la vida pasar.

- ¿Nos vemos mañana? -le pregunté.

No me contestó. En su lugar se fue y desapareció detrás de unos edificios, dejando sombras a su paso. Tan intrigante como siempre.
Da igual, me sé de sobra la respuesta.

domingo, 24 de octubre de 2010

Euskadi (Segunda parte)

Al día siguiente, por la mañana, nos levantamos temprano con la intención de volver a Zumaia. Desayunamos con las ventanas abiertas, escuchando el sonido de los pájaros. Las dueñas de la casa nos habían dejado sobre la mesa el pastel de bienvenida vasco, un bizcocho relleno de crema riquísimo. Cuando bajamos, nos estaban esperando con un paquetito:

- Toma, lo encontramos -le dijeron a Bieito.
- ¿Es el diccionario? -preguntó él ilusionado.
- Sí, es pequeñito, pero tiene las frases más comunes. No te va a hacer falta, de todas formas.
- ¡Anda, gracias! Es por curiosidad simplemente, por saber. ¿Cuánto os costó?
- ¡Nada, hombre, os lo regalamos! -contestaron riéndose.

La noche anterior Bieito les había preguntado si tenían un diccionario de euskera para saber dar los buenos días y ser cortés. Ellas se habían quedado sorprendidas y preocupadas diciendo que no íbamos a tener ningún problema, porque todo el mundo sabía castellano. Tuvimos que aclararles que queríamos aprender lo que pudiésemos por iniciativa propia.
Tenían los ojos como platos.

- Bueeeno, siendo así, no tenemos diccionarios de euskera-español, sólo de euskera, pero podríamos conseguirlo.

Debíamos ser los primeros turistas que les decían semejante cosa.
Bieito les comentó que entonces no importaba, pero al día siguiente habían bajado por la mañana a la librería del pueblo para dárnoslo.
Y fuimos nosotros los que alucinamos.

En el coche estuve hojeando el librito:

- Buenos días: egun on. Buenas tardes: arratsalde on. Por favor: mesedez. Gracias: eskerrik asko. Ya puedes ir memorizando, está claro que no viene del latín.

Algo sí aprendimos y la verdad es que dejamos a más de uno en ascuas. Era divertido ver cómo le brillaban los ojitos a los señores mayores después de que nos indicaran en castellano donde quedaba tal calle y haberles dado las gracias en euskera con acento gallego. Con su ayuda, pudimos llegar a ver los flysch de la zona. Se llaman así a los pliegues que hace el mar en los acantilados, como si fuesen arañazos o páginas de un libro cerrado. En los estratos más antiguos se encontraron restos del meteorito que extinguió a los dinosaurios.

 Flysch de Zumaia, con la marea baja. LGP

Hay una ruta que sale desde el centro de interpretación de Zumaia y bordea la costa hasta Deba. Nosotros no llegamos tan lejos, pero bajamos a ver las hendiduras aprovechando que estaba la marea baja.
La majestuosidad del paisaje se imponía allí donde miraras.

Junto con nosotros, una excursión de niños buscaba camarones y cangrejos entre las pozas, donde se quedaban atrapados muchos animalitos.

- ¡¡¡¡UN PULPO. HE ENCONTRADO UN PULPO!!!! -gritó un chaval.

Enseguida se formó un corro alrededor de él. Los niños más valientes intentaban agarrarlo, pero las ventosas se adherían a sus manos y recuaban ante los gritos de las niñas.

- Pobre pulpo -dijo Bieito- Non sabe a que lle espera.

Nosotros vimos caracolas del tamaño de una mano y cangrejos ermitaños.

 Vista general de Guetaria. LGP

Después de pasear por el pueblo seguimos por la carretera del mar hacia Getaria, pasando por los túneles excavados en la roca y sin dejar de oír las olas. Allí nos tomamos un café en el puerto, al lado de la playa, con vistas a la isla y a la muralla que bordea el lugar.
La siguiente parada fue Zarautz y su kilométrico arenal naranja lleno de surfistas. Nos llevó media hora recorrer todo el paseo, poblado de hileras de apartamentos para turistas y restaurantes como el de Arguiñano, justo en medio de todo.
Me llamaron la atención las esculturas que aparecían cada cierto tiempo por el camino, ofreciendo otras perspectivas del mar. Allí comimos un bacalao a la vizcaína que me supo a gloria.
Tras eso, callejeamos por el centro en busca del club de remo, pero no hubo suerte, el local estaba cerrado.

 Zarautz. ISP

Continuamos nuestro viaje hasta Orio. Ya pegado más al río, el pueblo tenía un aire diferente, menos turístico. Había un montón de fábricas de todo tipo, pero es que en ralidad ésa es la tónica general del País Vasco. Puedes encontrar madereras, conserveras, naves dedicadas a la cerámica, a la siderurgia... surgen como setas en el bosque, en cualquier momento.
De hecho, en Aizarnazabal, donde alquilamos la casa, nos dijeron que el pueblo estaba creciendo porque los jóvenes vivían de la fábrica que había allí y no se mudaban a la ciudad.
Un tejido industrial envidiable.

De todas formas, el casco viejo de Orio es medieval y tiene un montón de callejas empinadas y casas blasonadas de piedra anaranjada, así que tampoco le falta encanto. La mayoría de los escudos hacen referencia a la navegación y muchas familias están emparentadas con almirantes o marinos.
Bieito estaba emocionado, pero el calor empezaba a afectar a mi tensión y tuve que tomarme un café. Era demasiado tute para un día y aún nos quedaba por ver San Sebastián.
Buscamos un sitio a la sombra con una terracita y descansamos al lado de los árboles. Detrás de nosotros un corro de señoras se abanicaba mientras hacían la crónica social:

- ¡Esta mañana vi a Zutanita!
- ¡Zutanita!, ¡cuánto tiempo!
- Bajó del monte a ver a la madre. ¿No sabes que desde que se casó vive allá arriba?
- ¡No sabía que se había casado!
- Sí, con un chico muy agradable de Donostia que es abogado y se mudaron. La madre está muy contenta.
- ¿Ésa no era prima de Mengana?
- Noooo, tú te confundes con Citana, que es la de la farmacia. Ésa está muy malita, estuvo varios días en el hospital...

Mientras nos reíamos a hurtadillas, a Bieito se le ocurrió preguntar a la camarera por el club de remo de Orio.
Ésta sonrió orgullosa y le contestó que lo sentía mucho, pero que el club estaba en obras y que sería imposible localizar a los remeros ahora.

Foto publicada en: http://licemar.lacoctelera.net/post/2010/03/11/regatas-traineras

- ¿Será posible que non dou unha? -se lamentó Bieito.
- Ya te dije que tenías que haber entrado en el de Zumaia.
- En fin, xa probarei sorte con Bermeo. ¿Marchamos logo?

Con el GPS no fue difícil llegar al centro de Donostia, pero la verdad es que había mucho tráfico y Bieito iba un poco tenso. Nada más entrar nos quedamos sorprendidos con la elegancia de los edificios que a mí me trajeron recuerdos de París. La temperatura era muy agradable y la gente paseaba por todas partes.
Era una ciudad en toda regla, veraniega y señorial.

- Mira, aquí hay un sitio para aparcar.
Estábamos justo al lado del Kursaal.
- A ver se me cabe -me dijo Bieito.
Después de maniobrar, satisfechos, abrí la puerta.
- Jjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
- LAURA, QUÉ FIXECHES!!!
- Ups, es que la acera está bastante alta... -dije como una niña pequeña.
- FODICHES* A PORTA!!
- Nooo, sólo la esquinita -continué pestañeando.
- Joder, ¡se nota!
- Bueno, así estamos en paz -si no funciona, hay que cambiar de táctica.
- Como que en paz?
- Te recuerdo que tú te cargaste la defensa de mi Renault 5 golpeándola contra un poste (primera pulla)
- Foi sen querer!
- Y esto también, pero la diferencia es que esto no se nota y a mi Renault le faltaba un buen trozo (segunda pulla)
- Mññññññ. Dios mío, vólvesme tolo**. Como podes ser tan patosa?
- ¡Patosa! Tiene gracia que me lo diga el que choca contra las farolas (tercera pulla y estocada final)
- Iso xa non me pasa!
- Jajajajajajajajaja (la victoria es mía).
- Que muller, Que muller...!! -exageró riéndose.

*Fodiches: en gallego, jodiste
**Tolo: loco

Contentos, caminamos al azar por las que deberían ser las calles principales del centro, en busca de la playa de La Concha. Pasamos por la estación, el teatro, las grandes tiendas bajo la arboleda y el ayuntamiento (el antiguo Gran Casino), hasta llegar al paseo marítimo.

Fotografía de Sergio. Publicada en: http://www.fotolog.com.br/sergiofoto/50504446.


- Bueno, aquí la tienes. En este sitio es donde se hace la regata de traineras más importante de España.
- É bastante pechada*

*Pechada: cerrada

Efectivamente, el arenal era ancho, pero después la costa se estrechaba a la izquierda y a la derecha, como si los dos montes que lo coronaban se quisieran juntar, y en el medio de ellos, había una isla. El esquema, visto desde el cielo, tendría el aspecto de una concha, justamente. Como Bieito decía, ofrecía la posibilidad de coger buenas empopadas.

 San Sebastián. LGP

Esta vez, la marea estaba alta y sólo se veía una fina línea de arena donde aún había personas aprovechando los últimos rayos de sol. Las ventanas de los edificios adyacentes reflejaban con fuerza la luz, como en Coruña.
Tras recorrer la mitad del paseo, me pareció ver una aguja gótica a lo lejos y arrastré a Bieito hacia el interior de la ciudad. No fue difícil encontrarla, la catedral del Buen Pastor es de estilo alemán y sorprende por su gran altura y sus enormes vidrieras, aparte de la decoración de gárgolas y pináculos. Había un montón de niños jugando en la plaza.


A partir de ahí, seguimos callejeando. San Sebastián es muy bonita y luce mucho. Como me había dicho mi amigo Jose, se notaba que la reina María Cristina le había hecho mucha publicidad cuando veraneaba allí.
Pero se estaba haciendo de noche y aún teníamos una hora de coche por delante, así que tuvimos que decirle adios, con la pena de no haber pasado allí el tiempo suficiente.

- Que lle imos facer, non podemos abarcar tanto. Xa volveremos noutra ocasión.
- Bueno, tenemos una perspectiva general, aunque estoy hecha polvo.
- Non contaba con tardar o que tardamos.
- Es que hay mucho que ver.
- E mañán que toca?
- ¡Vizcaya!

(Continuará...)

miércoles, 20 de octubre de 2010

Euskadi (Primera parte)

Durante el puente de octubre fui con Bieito al País Vasco. Era la única zona del norte de España que nos quedaba por recorrer y aprovechamos los días libres para fugarnos.
Contábamos con poco tiempo y muchos kilómetros por delante (Bieito quería ver los clubs de remo de los pueblos costeros, además de Bilbao y San Sebastián), así que fue un viaje INTENSO.

Además, la carretera que sigue la costa no es lineal, sino que entra y sale constantemente, siguiendo los recortes de los acantilados.
Por momentos, llegué a sentirme como una japonesa: foto-vuelta al coche-foto-café-vuelta al coche...
Pero ahora tengo una percepción general de Euskadi y sé que me encantaría volver.

Nos alojamos en Aizarnazabal, en el interior de Guipúzcoa, en una casa preciosa con vistas al entramado de montes verdes tan propios del lugar. Yo quería hacer senderismo hacia el interior, pero teníamos que dejar otras cosas sin ver, así que quedó para otra ocasión.
En media hora llegamos a Zumaia, una villa preciosa con muchísimo ambiente. Todo el mundo hablaba euskera y fue toda una experiencia escucharlo. Sonaba a antiguo y resultaba extraño, como si volvieras atrás, a los pueblos anteriores a los celtas y ellos convivieran ahora contigo en la edad moderna.

 Vista de Zumaia. LGP

Seguimos el puerto, donde muchas personas llenaban las terrazas mirando al mar. Las casas eran chalets edificados al estilo tradicional vasco, es decir, con las vigas de madera en la zona del tejado al aire. Un tejado ancho y triangular y con balconadas de madera pintadas de color (verde, azul, rojo...).
También había casonas modernistas, muy bonitas.
Todas se alternaban en un paseo ancho de árboles frondosos. Siguiéndolo, te internabas en el dique, hasta casi encontrarte en medio de las olas, debido a su extensa longitud.

Curioseando nos colamos por una calleja persiguiendo una melodía que nos atrapó. Era un sonido de flauta, alegre y melancólico a la vez. Una sombra lo proyectaba en el acantilado mientras atardecía, acompañado por la luz del faro. Sentí un escalofrío. Hay momentos que sólo vives una vez y ése era uno de ellos.
El chico sintió nuestros pasos y se levantó, dejándonos sitio para ver el mar, a la vez que guardaba el instrumento.


Nos quedamos allí un rato más, medio tontos, mirando el paisaje. Después bajamos al casco viejo, callejeando atentos al torreón iluminado de la iglesia medieval.

- Va a ver que venir mañana a verlo con luz -le dije a Bieito.
- Pois si, es precioso.

De camino al coche vimos luz en el club de remo de Zumaia.

- ¡Eeeeehh, están ahí! Pasa y habla con ellos.
- ¡Puf! E que lles digo? -me preguntó metiendo la cabeza por la puerta para ver las traineras.
- Pues que eres un admirador gallego, jejejeje. Que si te pueden enseñar el club.
- Mmmm... Creo que hai só un par deles. A tempada de regatas xa rematou*.
- Bueno, pero lo intentas.
- Non sei, mellor noutra ocasión, a ver se hai máis xente. Agora ao mellor están co ergómetro e moléstolles.
- Jejeje. Está bieeen, en otra ocasión.


El primer día ya prometía. (Continuará)

*rematou: acabó 

lunes, 18 de octubre de 2010

Había una vez



Estaba dibujando garabatos en un papel, pero el lápiz se mareó y se fue. Me quedé idiota, mirando a la nada. "Hasta aburro a los lápices", me dije. Pero al rato volvió, con un séquito de rotuladores y se puso a escribir por las paredes. Una hilera de colores le seguía allá donde iba.

"¿Te acuerdas cuando tenías diez años y hacías tus propias historias? Las llenabas con macacos y te pasabas horas imaginando, casi te olvidabas de comer. Creías que era posible hacer que la magia fuese real. No había barreras que te cerraran el paso. Los obstáculos eran un aliciente más en tus aventuras y todo lo que te rodeaba se desfiguraba para adquirir nuevos significados. Te jactabas de encontrar vida hasta debajo de las camas y pensabas que cada año que pasaba era una oportunidad para descubrir cosas nuevas, convencida de que había promesas en el mañana que estaban esperando por ti. No necesitabas nada para ser feliz, excepto tus ilusiones y unos pantalones con parches en las rodillas. ¿Sabes? A veces, echo de menos a aquella niña".

Despacito, volvió volando a mi mano, mientras los rotuladores se metían en un cajón.

Al lado de los garabatos escribí con buena letra:

Había una vez...

domingo, 17 de octubre de 2010

Discusiones

Creo que una tercera parte del tiempo que paso con Bieito estamos discutiendo. Entiéndase por ello el mandarse pullas el uno al otro con ironía o sarcasmo, sin levantar el tono de voz, sin insultos directos o palabras hirientes y con bastantes risas. Lo que en Galicia se conoce como "retranca".
Para dar estos "hachazos" es necesaria una confianza absoluta, muchísimo cariño y respeto por el rival, si esta estima no existe, puede convertirse en una discusión seria. Por esa razón y en mi caso, nunca lo hago si no conozco a esa persona en profundidad o si no es gallega, porque podría tomárselo en serio.
La retranca son mensajes ambiguos, tienen parte de verdad y parte de mentira, se basan en la exageración y destacan defectos, como en una caricatura, pero su finalidad es que a quien van dirigidos, le resulten graciosos. El interlocutor debe saber reírse de sí mismo.

La versión más lírica de ello son las "regueifas", canciones improvisadas entre dos o más personas que discuten en verso sobre un tema determinado. Son espectáculos populares muy típicos en la Costa da Morte, aunque desgraciadamente cada vez hay menos.
Podrían compararse con los enfrentamientos entre raperos. La diferencia estriba en que tienen lugar en gallego y es una conversación, no discursos prolongados. Además, siguen una métrica estricta (estrofas de cuatro versos octosílabos en los que riman los pares y quedan libres los impares).

La TVG le dedicó un reportaje a este tema en Carballo, para aquellos que tengan curiosidad:





Volviendo a la retranca, pongo un ejemplo de mis encontronazos con Bieito, delante de mi amiga Carapuchiña:

CARAPUCHIÑA: ¿Qué tal la regata de ayer?
BIEITO: Ben, foi en Cedeira. Preciosa, unha paisaxe fantástica.
CARAPUCHIÑA: ¿Y tú, Laura? ¿Fuiste?
YO: No, aunque me hubiese gustado.
BIEITO: Laura non vai a estas regatas porque ten que madrugar (primera pulla. Bieito me mira atentamente mientras habla con una media sonrisa en los labios).
YO: No pretenderás que me levante a las ocho de la mañana un domingo cuando puedo verla por la tele (contesto arqueando la ceja y fingiendo enfado sin levantar mucho la voz)
BIEITO: E despois dis que che gusta o remo (segunda pulla. Se repite la expresión anterior, pero poniendo los ojos en blanco).
YO: Y me gusta
BIEITO: Pero a cantas regatas fuches este verán! (Se echa para adelante).
YO: A tres, la de Oleiros y las de Coruña.
BIEITO: Oooooohhhh!! Cantas! (tercera pulla. Arquea los brazos)
YO: Iría a más, pero no me gusta estar sola en el puerto esperando, como si fuera la mujer de un marinero (ya me estoy riendo) Si viniera algún amigo conmigo sería otra historia.
BIEITO: Xa, claro. A que hora te erguiches hoxe?
YO: Eso no viene a cuento.
CARAPUCHIÑA: Dios mío, ¿para qué habré dicho nada? ¿Os dais cuenta de que esto parece "Matrimoniadas"?
BIEITO: Si, bueno, pero a que hora? (insiste, con ojos pícaros).
YO: A las doce
BIEITO: Ás doce, incrible! (exagera con aspavientos) E non che da vergoña* dicilo?
YO: Al menos yo no me he quedado dormida en una discoteca, como otros... (cuarta pulla. Estocada final con golpe de efecto. La mejor defensa es un buen ataque)
BIEITO: Estaba moi canso ese día
CARAPUCHIÑA: ¿Te quedaste dormido en una discoteca?
BIEITO: Si, nun sofá, e que eran as seis da mañá e non podía máis, pero botei unha soneca** e despois xa estaba ben...

*vergoña: en gallego, vergüenza
**soneca: una siesta rápida

Pese a lo que pueda parecer, cuantas más discusiones de este tipo hay, mayor es la química entre nosotros.
No sé por qué, pero reconozco que me gustan las "peleas" y que me reten a duelo y a Bieito le encanta provocarme con sutileza, así que nos lo pasamos muy bien.
Obviamente, como deja entrever el diálogo anterior, a mí no me gusta madrugar y a él sí, lo que genera problemas en algunas situaciones, pero que nosotros aceptamos de forma cómica.
Las relaciones nunca son perfectas, pero el sentido del humor puede hacer que lo sean.

viernes, 15 de octubre de 2010

Teorías de la conspiración

Atención, éste es un aviso de alerta para todos los públicos: los grupos de poder quieren que tengamos depresión.

¿Os reís? Sinceramente lo creo.
Los medios de comunicación no hacen más que bombardearnos con noticias catastróficas y tremendistas, donde no hay esperanza ni futuro. Según ellos, somos muñecos que tienen que soportar las consecuencias de un destino fatídico, ineludible, provocado por la crisis, a la que presentan como un jinete de la apocalipsis.
No hay luz en el túnel.


¿No la hay o será que no les interesa que la haya? Recordemos que la titularidad de los medios está en manos de grandes corporaciones internacionales.
Una persona pasiva y deprimida es facilmente manipulable, aceptará cualquier tipo de explotación, porque está convencida de que no hay otra alternativa. No protestará, porque lo considerará inútil.
Tanto al Gobierno como a las empresas les conviene esto, porque así pueden seguir amasando dinero a costa de los trabajadores, mientras mantenemos la boca cerrada.

Por supuesto que entiendo que haya familias que no puedan contestar, debido a que están centradas en sobrevivir y llevar dinero a casa para mantener a los hijos; pero la pasividad es una enfermedad que está afectando a gente de todo tipo, incluso a aquellos que pueden permitirse el lujo de levantar la voz, el revulsivo social: los jóvenes.


Sé de buena tinta que muchos se quedaron en sus casas viendo la televisión o jugando a la videoconsola en vez de ir a la huelga del 29 de septiembre para protestar por la reforma laboral. La razón es que están convencidos de que hagan lo que hagan no servirá de nada.

En parte es cierto, tal y como está estructurado el sistema económico, es la lucha de una hormiga frente a un gigante, pero ignoramos la fuerza del colectivo cuando es consciente de ello.

En Francia -lo comenté en otra ocasión- ya han hecho varias manifestaciones seguidas en contra del retraso de la edad de la jubilación, de 60 a 62 años (una muestra de que el clamor popular funciona muy bien en otros países, donde cada voz es un voto perdido), cuando en España ésta se encuentra en los 65 y quieren situarla en los 67, mientras el porcentaje de parados de 50 años crece cada día más.
Un escándalo, pero lo peor es que la protesta del día 29 no sólo se hizo por eso, sino por otras barbaridades más, como el despido procedente por parte de la empresa en previsión de pérdidas o por baja médica del empleado que sobrepase los 15 días de duración, o la reducción de la indemnización por año trabajado, de 45 a 33 días.


Nos están recortando derechos con la excusa de fomentar el empleo, pero en realidad lo que consiguen es que haya más parados, porque las empresas no están para hacer una labor social y si pueden sacar rendimiento pidiéndole a una persona que trabaje por tres, pues lo van a hacer.
Ahora, gracias al movimiento, Corbacho ha salido del Ministerio de Trabajo y Zapatero quiere retirar la propuesta de retrasar la jubilación.

Sin embargo, al margen de esto, la ciudadanía ya debería protestar por la falta de acción de los sindicatos que dejaron pasar el verano para convocar la manifestación, después de que se aprobara la reforma.
De hecho, mucha gente no quiso asistir por esta razón. Un error, porque el silencio y la división es lo que persiguen los políticos. Que no se haga nada es mucho mejor para ellos.
Si hay que darles un tirón de orejas a los sindicalistas, es mejor hacer una crítica formal por escrito.

Pero peor que la pasividad es dejarse llevar por la desilusión y la tristeza que nos quieren inculcar.
Bieito y yo hace tiempo que lo comentamos, que ahora los temas de conversación cuando te encuentras a alguien en la calle se centran en el fatalismo. Lamentarse de todos los males del mundo está de moda y parece que no se contemplan los aspectos positivos, que siempre los hay.
En mi opinión creo que esta actitud no sirve de nada. Sabemos de sobra que las cosas están mal. Busquemos salidas, aportemos ideas, no hay que dormirse en los laureles, es ahora cuando más falta hace la acción.
Yo -lo digo muchas veces- hago cursos, voy a foros profesionales, asisto a conferencias, estudio idiomas, presto atención a mis ratos de ocio e intento arrastrar conmigo a los demás.

Creo que en muchos momentos puede aportar mucho más tener un buen chiste en la guantera, que la cantinela de quejas que escucho a diario.

Por estas razones defiendo la resistencia, para que nos esforcemos por ver el vaso medio lleno, aunque no salga en un primer momento de nosotros, aunque tengamos que "forzar". Después, a base de  repetírnoslo, ya no nos costará tanto y por contagio, haremos que otros se sientan mejor (igual que el pesimismo se extiende, el optimismo también puede imbuirse).
Una sonrisa puede cambiar el mundo. Comencemos la revolución.

lunes, 4 de octubre de 2010

Corrubedo (Tercera y última parte)

Después de la playa, nuestros hambrientos estómagos se acordaron de la cena.

- Le he pedido a mi madre que hiciera sardinas, ¿os gustan? -preguntó Ana.
- Síiiiiiiiiiiiiiiiiii -es verdad, me emociono mucho con la comida.

Enroscadas como podíamos en las toallas (a las ocho ya hacía fresquito) volvimos caminando hacia casa. Antes de atravesar la puerta de la terraza ya olía a brasa:

- ¡Hola! ¡¿Qué tal?!, ¿tomasteis mucho el sol? -preguntó Fina, dando vueltas al carbón.
- Más bien estuvimos de paseo. Hacía fresquillo ahora.
- Qué fuisteis, ¿a la playa de las dunas? -dijo Agustín apareciendo en la cocina.
- Sí. Dimos una buena caminata, jejeje -contestó Ana- Me voy a duchar, niñas. Después de cenar vamos a Ribeira si os parece.
- OK, no te preocupes -le dijimos mientras se iba y nos quedábamos allí hablando con su padre.
- ¿Y qué os parecieron las dunas?
- No se podía pasar. Había una barrera y cerraron el paso a la gente. Te pueden multar, aunque alguno se coló mientras estábamos tomando el sol.
- No me extraña, es que antes eran mucho más grandes. Cuando era pequeño, debían de alcanzar unos cinco pisos, tranquilamente.
- ¿Y eso? ¿Cómo es que ahora menguaron?
- Bueno, muchos vecinos llenaron camiones de arena para construir. Aunque ya me dirás, después se les llenó la casa de humedades, porque, evidentemente, no vale para eso.
- También hay que tener en cuenta que son dunas móviles -apostilló Fina.
- Sí, ya lo dice la canción, la duna é móvile... -canturreó Agustín.

- Qué tonto es -dijo Fina riéndose con nosotras.
- No, pero es verdad. Las dunas van cambiando de lugar según se las lleva el viento. Dicen que hay una ciudad bajo ellas y de hecho, hace unos años encontraron un campanario.
- ¡No digas!
- Sí, sí, la villa de Valverde. Un castigo divino. Vete a saber.

Los misterios de Corrubedo así como los caminos del Señor son inescrutables.

Después de cenar, como habíamos quedado, nos fuimos a Ribeira, para ver en un ciber si había plazas libres en el barco de las Cíes, pero no, no hubo suerte. Ana tuvo que buscar un plan alternativo y consultó la ruta de las piscinas fluviales de A Pobra.

- Mañana podemos ir y terminar en el mirador de A Curota. Os va a gustar, ya vereis.
Ahora, podíamos salir por Corrubedo a tomar algo, que seguro que hay alguien tocando en el puerto.

Lo había desde luego, cinco chavales dándolo todo y sus amigos de relleno de público.Les miramos con resignación.

- Bueno, había que intentarlo -dijo Ana.

Daba igual, la noche era estupenda y acabamos en una cafetería desde la que se veía el mar.

- Fijaros en el suelo y las mesas.

Estaban hechos de un material transparente para dejar ver el fondo, cubierto de arena.

- ¡Qué original! -exclamó Catu.
- Sí, está guay. Se está muy bien, no te esperas encontrarte esto en un pueblo tan pequeño...

Estábamos hablando de nuestras cosas hasta que el sitio se llenó de Borjamaris y Pocholos de 50 años con polos de Ralph Lauren y Lacoste.

- Creo que estos no son de aquí -dijo Catuxa.
- Hay mucho turista -explicó Ana-, la gente está empezando a descubrir esta zona. No está tan saturada como Sanxenxo y se están restaurando muchas casas. La más famosa es la del arquitecto inglés David Chipperfield. Hubo mucha polémica con ella, casi todo el mundo estaba en contra de la construcción porque estaba al lado del mar, pero yo creo que la casa que hizo, aprovechando el hueco que había entre otras dos, es mejor que ver el solar abandonado. Salió en muchos periódicos. Después pasamos por delante.

Así fue.

 Fotografía de la fachada que da al mar, publicada en: http://stgb.blogspot.com/2010_02_01_archive.html

- Ésta es, qué os parece -explicaba Ana emocionada- Por el lado de la calle es más sobria, parece la fachada de una oficina, pero por el lado del mar, la casa se anchea y tiene unas grandes terrazas que son las habitaciones y la cocina. El tío aprovechó el espacio al máximo. A mi gusto, es preciosa.

- Sí, a ver -comenté-, está muy bien, pero bueno, como me dijo tu padre, es injusto que haya gente que tenga que sufrir las consecuencias de la ley de Costas y que venga un inglés de repente y le permitan todo. Es la hostia, la hipocresía que...

- Laura... -dice Ana nerviosa en voz baja.
- ...tienen los políticos -seguía declamando- Para el rico todo son facilidades...
- ¡¡¡Laura, está ahí. Viene ahí con su familia!!! -me repite como puede.
- ¿Qué?

Al acabar la e, un grupo de unas ocho personas se acercaban a la casa sin quitarme ojo, hablando en inglés.


- ¿Aquel que acaba de pasar era David Chipperfield? -le pregunté.
- Sí y sus hijos, supongo.
- Y nosotras mirando para su casa -dijo Catuxa.
- Seguro que se dieron cuenta de que estábamos hablando de ellos.
- Joer, ya es casualidad. Bueno, no creo que me entendiesen -pensé en voz alta.
- Jejejeje. Estarán más que acostumbrados. Algún vecino los denunció -comentó Ana.
- ¿¡Ah, sí!?
- Sí, pero no sirvió de nada. Esta gente sabe escaquearse de la ley.

Riéndonos, atravesamos una calle llena de casitas de colores con patios repletos de flores y cercados por vallas. En la que estaba frente a la casa de Ana había un perrillo muy quieto junto a la puerta principal. Tenía una mirada triste, pero estaba muy quieto, sin hacer ruido.

- ¡Oooooooooohh, qué mono! Mirad qué quieto está, pensé que era una figura -dije.
- ¡Ah, sí. Pobrecito, con el frío que hace y él solito ahí! -lo compadeció Catuxa.
- Ése es el perro de la hija de la vecina. Ella no está en casa y lo cuida su madre hasta que llega el fin de semana, pero la madre no lo deja pasar adentro y el perro ladra por la noche.
- Jo, da una peniña...

- Verás la peniña que te va a dar cuando te dé la serenata.

Sería la una cuando nos fuimos a dormir, estábamos machacadas. Yo dormía con Catuxa en una habitación con camas gemelas, creo que caímos en coma al momento... hasta las seis de la mañana.

- Guau, guau, guau, gua, gua, gua, guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
- ¡El perro!
- Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
- Joer -dice Catuxa.
- Guau, guau, guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Cuando nos acostumbramos al ladrido, algo más sonó en la noche:

-¡Eh, oes, qué fas! ¡Ven aquí, estás a armar un escándalo! -se escuchaba fuera.
Y un pájaro empezó a graznar como un loco
- ¡¡¡Uáaaaa, uaaaaaa, AAAAAAA, UAAAAAAAAA, UAAAAAAAAA!!!

- ¿Qué coño es eso? -preguntó Catuxa en sueños.
- Es como si mataran a una gaviota...
- AAAaaaaaa... -soltaba aquel bicho quedándose sin aire- AAaaaaaaa
- ¡Blum! ¡Bump! -se oyeron golpes sordos, como si tropezaran con las paredes.
- Dios mío, tiene que ser buena...
- Será el padre de Ana, que se ha ido a pescar -comentó Catuxa cerrando los ojos.
- La que estarán liando...

A las diez sonó el despertador de Catu:

- ¿Enciendo la luz? -preguntó incorporándose al momento.
- Mññmñmmmrrrrrrr...
- ¿Espero un poco?
- Mñemerrr... Síii... Por favor...
- ¿Qué fue lo que se oyó por la noche?
- No tengo ni idea, pero mataron a algo, fijo.

En cinco minutos entró Ana en la habitación:

- ¡Buenos días! ¿Qué tal dormisteis? -preguntó riéndose.
- El perro... -farfullé desde la cama.
- Ese maldito perro, ¡qué brasa, Dios mío! -dijo desde la cocina la madre de Ana- Ya podían meterlo dentro de casa.
- ¿Y los ruidos de las seis de la mañana?
- Sí, yo pensé que era un pájaro que lo estaban matando.
- Eso no lo sentí -comentó Fina.
- ¡Jobá, mamá, pues se oyó muchísimo! A saber lo que hicieron... -comentó riéndose. Bueno, venga, a desayunar y a Pobra.

Después de un buen rato de palique nos metimos en el coche para serpentear hasta la montaña. No sin grandes dificultades encontramos la ruta. Como siempre, el senderismo en Galicia aún no está muy explotado y hace falta un sexto sentido para adivinar qué camino escoger.

Los tábanos tampoco nos ponían las cosas fáciles.

- ¡Joder! ¡Esto es acoso! -gritó Ana dando brazadas al aire- ¡Ya me ha picado uno!
- ¡Y a mí también! -dijo Catuxa- Tú vas muy tranquila, Laura.
- Sí, igual es porque voy más tapada y no notan tanto mi calor corporal. Pero bueno, se acercan.

Vietnam no podía haber sido muy diferente a aquello.
Por suerte, entre las tres no tuvimos problema, aunque avanzábamos con dudas.
Un petroglifo y un puente medieval nos confirmaron que íbamos bien. Finalmente, tuvimos recompensa.

- ¡Eeeeehhh, ahí están! -dijo Catuxa.
Parecía que habíamos encontrado el Arca de la Alianza.


Casi en el nacimiento del río, las rocas formaban piscinas redondas que estaban desperdigadas en alturas diferentes, como las fuentes chinas.
Había algunas personas descansando en las rocas que despuntaban entre poza y poza, pobres incautos que mojaban sus picaduras de tábano en el agua. En solidaridad, nos unimos a ellos.
No había casi ruido, todo el mundo se había puesto de acuerdo para escuchar el sonido del agua y los pájaros, como por arte de magia.
Pensé que poca diferencia tenía que haber con la paz de un templo budista.
"Como se enteren los de Hollywood..."

El camino de vuelta fue más rápido, pero también nos llevó a las alturas. La Curota es una de las cumbres de la sierra del Barbanza alcanza los 514 metros de altura y las vistas de la ría son fantásticas. Además, el día despejado facilitó la labor. Hasta las Cíes se podían ver desde allí pese a las tres horas de viaje que podía haber de distancia.



- No sé si me gusta más esta ría que la de Vigo -dijo Catuxa- Cada vez que veo una cambio de opinión. La verdad es que son todas bonitas.
- ¡Me cago en la puta hostia! -solté.
- ¿Qué te ha pasado?
- ¡Un tábano, joder, me ha picado ahora un tábano! ¡Lo pillé en plena faena! ¡¿Será cabrón?! Me lo acabo de arrancar del brazo.
- ¡Es verdad, mira cómo sangras!
- ¡Perro! ¿Estos bichos tienen veneno?
- Pues no sé -comentó Ana-, pero las picaduras se inflaman.
- Yo por si las moscas voy a chupar, a ver si puedo hacer algo.
- Me temo que es demasiado tarde.
- Nunca es tarde si la dicha es buena.

Y efectivamente, el brazo no se me inflamó, pero el chupón que me hice me duró un mes. En ello estaba mientras bajábamos en coche a las dunas, para ver otra perspectiva de ellas.
Yo había estado allí cuando tenía nueve años y es verdad que en las fotos que tengo eran más grandes.
El paseo de madera y el cartel prohibitivo se esforzaban por evitar que aquello fuese en aumento, pero como constató aquí Catuxa, a la gente se la sopla. Una pena, la verdad.

 Fotografía de huellas en las dunas de Corrubedo, tomada por Catuxa

La tarde, después de comer, transcurrió tranquila. El cansancio decidió por nosotras y dijo que no nos moviéramos más, así que aprovechamos los rayitos de sol que había en la playa de Corrubedo, junto con la familia de Ana, antes de volver para Coruña. Aún así, hubo guerras de agua de las que yo y su abuelo nos mantuvimos al margen sabiamente. A las siete, tristemente, ya hubo que recoger.

Antes de irme, le pregunté a Agustín si sabía algo de los misteriosos ruidos de la noche, pero me dijo que él no tenía nada que ver.

- Quién sabe. Aquí pasan cosas muy raras -dijo con gracia.
- Tendré que venir más veces a investigar -añadí sonriendo.
- Cuando queráis, en verano casi siempre estamos.
- No me extraña -intervino Catuxa- Yo me quedaba a vivir.
- Pues ya sabéis -apuntó Ana- El año que viene repetimos.

Tras las despedidas, Catuxa y yo nos subimos a mi coche. Cuando se abrochó el cinturón de seguridad, me dijo:

- Me lo he pasado genial.
- Yo también -le contesté- De fábula.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Historias del padre de Ana (Corrubedo. Segunda parte)

El sol caía a plomo, pero una sombrilla de dos metros de diámetro nos resguardaba de él.

- ¡Qué preparación! -comenté.
- A que sí. ¡Aquí hay de todo! -dijo el padre de Ana.

Bajo la brisa, cualquier comida sabe mejor, sobre todo si es carne a la brasa. Agustín se aposentó feliz en su silla esperando con una sonrisa.

- Y qué tal, niñas. ¿Qué visteis?

Ana le contó nuestras aventuras mientras nos servíamos los unos a los otros.
Escuchaba muy atento, con las mejillas coloradas e interviniendo siempre que podía. Su piel oscura estaba curtida por el sol y en ella destacaban unos ojitos brillantes como el mar.
Catuxa y yo no perdimos la oportunidad de hacerle preguntas, pero él no se cansaba de contestarnos.

- ¡Bufff, las historias de mi padre! Vosotras tiradle de la lengua... -nos advirtió Ana sonriendo y agitando la mano.

La verdad es que más que experiencias parecían cuentos. Yo estaba disfrutando como una enana haciendo huecos mentales para quedarme con todo. Se podría escribir un libro de su vida y sería un best-seller. Pero de todas, me quedo con dos:

El niño de la India

"Hace tiempo, cuando era más joven -explicaba Agustín- estuve embarcado en la zona de la India. Íbamos poco a tierra, pero cuando lo hacíamos, un regimiento de niños nos perseguía pidiéndonos dinero, caramelos... lo que fuese. ¡Y pobre de ti si se lo dabas!, ya no te dejaban en paz. 
Daban mucha pena, los veías deambular descalzos y semidesnudos por las calles, muriéndose de hambre. La miseria que vi allí, no la encontré en otro sitio, aunque estuve en muchos. 
Y aquellas vacas... en medio de todo, sin podérselas comer".
- Claro, son sagradas -anotó Ana. 
- A mí eso me costaba mucho entenderlo, pero bueno, tampoco tenían nada que sacar de ellas, porque estaban en los huesos. El caso...


"Hubo una vez que estaba cansado de ver llover desde el barco. Llovía, llovía y llovía de una forma descomunal, como si tiraran calderos de agua desde el cielo y eso que en Galicia llueve mucho, ¡pues allí llovía el triple. Semanas sin parar!"

- Sería el Monzón -dijo Catuxa.
- ¡Sí, eso era! ¡Qué manera de llover!

"Y y,o aún así, bajé al puerto porque no aguantaba más.  
En esto que no sé cómo me fijo que allí había un niño, acurrucado como podía entre unas cajas. Delgado y desnutrido. Vino a pedirme una moneda entre la lluvia:

- No papa, no mama. No papa, no mama -decía.

No pude soportarlo, era demasiado para mí. Así que le dije como pude que si quería comer. Él me contestó que sí, evidentemente, y me lo llevé al barco. Allí le di ropa seca y limpia. Una camiseta mía y unos pantalones que le quedaban grandes y le hice entrar en la cocina para darle algo caliente. 
Después de verlo devorar todo lo que le ponía encima de la mesa, le pregunté si le gustaría quedarse y ayudar en las tareas del barco. Él enseguida asintió".

- ¿Y el resto de marineros qué dijeron? -preguntó Ana.
- Al principio no les hacía mucha gracia, pero a todos nos daba pena, así que lo aceptaron como uno más.

"Durante el tiempo que estuvimos allí, el niño estaba feliz, engordó y parecía otro, pero claro, llegó el momento de partir y tenía que decidir qué iba a hacer.
Lo tenía muy claro, quería adoptarlo y llevármelo a España, pero mis compañeros me dijeron que el proceso era muy complicado y que podría llevar mucho tiempo, más en ese país. 
Me planteé incluso 'raptarlo', pero me sacaron la idea de la cabeza:

- Te vas a meter en un lío. Acabarás en la cárcel. Qué crees, ¿que no te van a descubrir? -me advirtieron.


Pero yo no podía dejarlo, algo tenía que hacer. 
Entonces, me hablaron de unas monjas españolas que tenían un hospicio allí y llegué a un acuerdo con ellas para que me mantuvieran al niño a cambio de una cantidad, para asegurar que no le faltara de nada. 
Todo el barco participó. Reunimos dinero suficiente como para alimentarlo durante un año entero y con toda la pena de mi corazón lo dejé, pensando que quedaba en buenas manos.

Mientras trabajaba, nunca me olvidé de él y le mandaba cartas siempre que podía, sin embargo, él nunca me contestaba, algo que me extrañaba mucho, pero supuse que a lo mejor había problemas con el correo o... sabe Dios. 
Hasta que un día, sí me llegó una carta. Era de las monjitas, pidiéndome más dinero para el chaval.
Yo estaba con la mosca detrás de la oreja y les dije que antes quería saber noticias de él. Como no recibí respuesta, investigué a ver qué pasaba, ya cabreado.
Cual fue mi sorpresa cuando averigüé que el niño no estaba en el hospicio y hacía meses que había desaparecido".


- Buffffffffffff... -suspiró Catuxa.
- ¡Se quedaron con el dinero y al niño lo echaron a la calle! -intervino Ana.
- Probablemente -comentó Agustín- Con la cantidad de chavales que están en esa situación allí, para ellas, uno más, uno menos, les daba igual. Miraron por sus intereses y punto. ¡Yo qué sé!
¡Pero de pedir el dinero bien que se acordaban!
En fin... -añadió frunciendo el ceño.

- Así que ya veis, podría tener ahora un hermano indio -dijo Ana.
- Increíble -apunté yo.
- Bueno, quién sabe si mamá querría casarse contigo si vinieras con un hijo de allá -añadió mirando a su madre.
- ¡Ay, sí! -exclamó Fina sonriendo- No te sé, ¡eeh!
- Igual las cosas eran diferentes y yo y mi hermana no llegaríamos a existir -imaginó Ana.
- ¿Quién sabe...? -razonó Agustín levantando la ceja.
¡Bueno!, y cambiando de tema, ¿fuisteis al faro?
- No, pensaba llevarlas mañana -contestó Ana.
- ¿Sabéis que este faro, junto con el de Tarifa, son los únicos que tienen luz roja?
- ¡Nooo, no tenía ni idea! -dije- Y eso, ¿por qué?
- Por su peligrosidad. Aquí hubo muchísimos naufragios.
- ¡¿Aquí?! -comenté sorprendida viendo lo calmado que estaba el mar en la bahía.
- Sí, porque hay muchos escollos cuando baja la marea y no se ven. Hay bastantes historias de barcos que han perdido aquí su carga. El último no fue hace mucho. Llevaba ordenadores.
- Sí, una pena que con el agua se estropearan -dijo Ana con una mueca pícara.
- ¡No digas! -soltó Catuxa.
- ¡Es verdad! -aclaró Agustín riéndose- Hay una historia muy buena de hace muchísimo tiempo...

Las postalitas

"...Esto me lo contaron cuando era pequeño. De aquellas no existía el papel moneda en España, todo se pagaba con monedas de cobre, níquel...Por lo menos aquí en Corrubedo, tampoco había mucho dinero en el pueblo como para manejar cantidades altas.
Bueno, pues un día encalló un barco y las cajas con la mercancía llegaron a la playa. La gente se acercó a ver si podía salvarse algo, pero las cajas sólo tenían papelinas con unos dibujitos, como postalitas.
Entonces, como no había calefacción y había que prender el fuego en el hogar con madera y papel, pues apañaron las cajas para tener qué quemar en el invierno.
Todo el pueblo las echó a la fogata y el que más papel había cogido había sido el trapero, porque llevaba una carretilla.
El caso es que a su mujer, como le gustaron las postalitas, se le ocurrió quedarse con una y la metió en el bolsillo del mandil, mientras su marido quemó el resto.
Pasó el tiempo y la mujer se olvidó de la postalita, pero un día que fue a comprar a Ribeira, estaba con el tendero para pagarle y al echar la mano al bolsillo la sacó con las monedas.
Iba a retirarla cuando vio que el tendero la cogió y le dio cambio. Entonces ella le dijo:

- Pero... si eso es una postalita. ¿Por qué me da dinero?
- ¿Una postalita? Mujer, ¿de dónde sacas eso? Esto es el nuevo dinero que ha establecido el Gobierno, ahora resulta que es de papel. ¿Te lo puedes creer? Lo están llevando a los bancos de toda España y se empieza a ver por aquí.
- Aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh -Catuxa se echó las manos a la cabeza.
Yo tenía los ojos como platos.
- Y lo quemaron...
- ¡¡¡Lo quemaron todo!!! ¡¡¡Podían haber sido ricos!!! -dijo Agustín riéndose- Dicen que el trapero se desmayó cuando lo supo. ¡Al pobre no había quien lo levantara del suelo!
- Qué horror
- Postalitas... -rememoró Agustín.

Al acabar de comer nos fuimos a recorrer la playa desde la casa de Ana, lo que supone unos kilómetros hasta un peñón enorme que divide el arenal, y del que ahora no recuerdo el nombre, sobre el que existen varias leyendas. Entre ellas, según nos contó Ana, está la de un pájaro que guardaba sus tesoros entre los huecos, así como los huesos o los restos de lo que comía.
Malamente subimos y Catuxa nos sacó varias fotos.
Las vistas eran preciosas. Se veía el río y las lagunas que se forman al bajar la marea, además de las propias dunas.
Al bajar, Ana nos señaló los montes del fondo y nos explicó que antes había allí una piedra con una anilla de bronce, como para amarrar barcos.


 - Mi padre me contó que él la había visto y que la gente comentaba que la pusieron los moros, pero nadie sabe cuál era su finalidad. Un día desapareció. Aún se pueden ver las marcas en el lugar donde estaba.

Pensando en ello nos fuimos a tomar el sol hasta que éste se puso en el horizonte. Se estaba tan bien, que no hacía falta hablar.
Soñé despierta con barcos que navegaban por la montaña, animales mitológicos y tesoros hundidos. Nunca me había sentido tan lejos de la realidad y la sensación era fantástica.

Continuará...


martes, 21 de septiembre de 2010

Corrubedo (primera parte)

Ya hacía tiempo que quería escribir este post y no había manera. El mes pasado estuve en Corrubedo y hay tanto que decir que no encontraba el momento oportuno.
Fue cosa de mi amiga Ana que nos invitó a Catuxa y a mí a su casa con la intención de ir desde allí a las Cíes.
Al final, por no reservar el barco con tiempo, nos quedamos sin sitio, pero a cambio descubrí un paraíso en la sierra del Barbanza.
Nunca había visto azules tan intensos, ni playas tan largas.


Entré, como por arte de magia, en los cuadros de Sorolla de casitas blancas y marineros.
Los niños pedaleaban libres en bicicleta por la carretera y se hacían colas en la panadería del pueblo, justo antes de la hora de comer.
En casa de Ana olía a café y el devenir de las olas se escuchaba desde la ventana. Tenían una terraza a pie de playa, sólo hacía falta abrir la puerta para llenarse los zapatos de arena.
"Esta casa tiene más de un siglo de antigüedad. Tuvimos que reformarla", nos explicaría más adelante el padre de Ana.
La madera chirriante se confundía con las baldosas de cerámica.

- ¿Vistéis los muebles? Algunos los pinté yo. Eran bastante viejos y probé a arreglarlos -comentó orgullosa.
- Pues te quedaron muy bien -le contestamos.

Tenían ese toque acogedor del vintage y las fotos en blanco y negro (Ana es diseñadora de interiores).

Después de dejar las cosas en el cuarto de invitados y tomar un mini desayuno, nos fuimos a explorar.
Rumbo al dolmen de Axeitos. Una agrupación de menhires descomunales con sentido funerario.
Estábamos curioseando alrededor, junto a otros turistas, cuando vimos llegar a un señor, de unos 70 años, con una zapatilla de un color y otra de otro, a paso decidido.

- ¡¡¡¡¡Buenos días!!!!! -dijo bien alto- ¿Entendedes o galego? -preguntó dirigiéndose a una familia que andaba por allí.
- Así, así. No somos de aquí.
- Bueno, no hay problema, pues hablo en castellano. A ver, ¿sabéis por qué el dolmen está colocado aquí?

Nosotras nos fuimos acercando por curiosidad y con precaución sin saber si aquel hombre estaba loco o era el guía del monumento.

- ¿Por la orientación del sol? -responde la familia.
- Que me lo diga el niño -sentenció cogiendo a un chaval de 14 años por los hombros.
- Pues... ¿por el sol? -se aventuró a decir, ante la presión popular.
- Efectivamente, los primitivos adoraban al sol y creían que era importante que la luz llegara a los muertos, enterrados bajo el dolmen.
¿Y por qué las ventanas, esos huecos entre las piedras, tienen diferentes tamaños?


- Mmmm... No sé, ni idea.
- Bueno, como eres mi amigo -explicó aferrándolo con firmeza- yo te cuento, para que cuando seas mayor y vuelvas a Galicia con tus amigos, puedas tú explicárselo a ellos.
Verás, el sol recorre el horizonte de izquierda a derecha -explicó surcando el cielo con la mano-, pero no siempre sigue ese camino a la misma altura. En invierno o en verano sus posiciones cambian y entonces la luz no tocaría la tierra del interior del monumento, así que las ventanas son más grandes a un lado o a otro teniendo en cuenta esas variables.
¿Y viste el pez?
- ¡¿Un pez?! -dijimos todos con cara de extrañeza- ¡¿Qué pez?!
- Hay un pez grabado en la roca. No se ve muy bien -comentó trazando una forma en un menhir con el dedo.

Nos apelotonamos para mirar.

- ¡Ah, sí, aquí. Ésta es la cola!
- Casi no se ve -explicó el señor- Es el símbolo de los cristianos, anterior a la cruz. Los prehistóricos adoraban a la naturaleza y cuando comenzó el cristianismo, las generaciones posteriores consideraban estos monumentos paganos, por eso tallaron el pez, para cristianizarlo.

Creo que si nos cerraran la boca en ese momento, aún nos harían un favor. Quién iba a pensar que un hombre así podría saber tanto de historia.
Aún se quedaba allí con su discurso cuando cogimos el coche para dirigirnos al castro de Baroña.
Después de unas cuantas curvas seguimos un sendero hacia la costa:

- ¿Veis el castro? -preguntó Ana.
- No
- Esperad a que bajemos por allí.
- ¡¡Oooooohhhhhh!!
- Jejeje. Sabía que os iba a impresionar. Yo también, cuando me trajeron, esperaba verlo en una zona elevada, pero no ahí, justo al lado del mar.



Sobre un peñón de roca elevada, entre playas, había varias estructuras circulares que indicaban que allí hubo un poblado en otro tiempo. Las olas no llegaban a alcanzarlo, pero quizá en un día de tormenta, no podría asegurarlo.
En seguida vino a mí el pasado. Hombres cargados con palos llenos de pescado, niños jugando entre las cabañas, mujeres tejiendo redes...

- ¡Eeehhh!, ¿y esas montañitas de piedra? -me trajo Ana de vuelta.

Los arenales y los terrenos próximos estaban repletos de conjuntos de piedras pulidas por el mar, apiladas una sobre otra.

- Será un movimiento artístico -comenté.
- Qué bonito -exclamó Catuxa.
- Es impresionante. Hay montañitas por todas partes. ¿Lo harían de un día para otro?
- No creo, supongo que alguien lo empezaría y la propia gente que pasaba por aquí fue dejando su aportación -me aventuré a decir.
- Pues es precioso
- Tenemos que hacer una nosotras -propuse.

Así que en una esquinita montamos unas piedrecillas para dejar nuestro granito de arena.

- Es un poco cutre -dijo Catuxa.
- Bueno, al menos lo intentamos -respondí arqueando la ceja.

Entre los peñascos se veía toda la costa a ambos lados, era como un pequeño Alcatraz con una piscina natural de agua salada que se formaba al bajar la marea.
Alucinante.

Dimos unas cuantas vueltas más por ahí, hasta que Ana nos sugirió ir a la playa de las dunas antes de comer.

- Hay una zona donde se puede aparcar, pero después hay que andar porque es un área protegida. Tienen rampas de madera para evitar pisar las dunas. Enfrente, tenéis un centro de interpretación de la naturaleza que está muy bien, pero no sé si nos dará tiempo...
- No te preocupes, sólo vamos a mojar los pies.
- El agua suele estar helada.
- Para variar.


Las playas de Corrubedo son paradisiacas. No tienen nada que envidiar a las de las islas Cíes.
La arena, natural y muy fina, acariciaba los pies y el agua, aunque fría, era cristalina. Las dunas y la extensión le daban una imagen caribeña. Johny Depp bien podría haber aparecido por allí con la Perla Negra.

- ¡Eeehhh!, ¿os habéis fijado? -dijo Ana- Os dije que venía mucho por aquí.
- ¡Anda, qué casualidad!

Era inconfundible, Fran, el futbolista del Deportivo, estaba allí con su familia. A unos metros de nosotras.

Después de un par de cotilleos, los estómagos rugieron.

- Ya es hora de volver. Laura, ¿te gusta el churrasco? -me preguntó Ana.
- Síiiiiiiiiiiiiiiiiii

Cuando llegamos, la mesa ya estaba puesta en la terraza. Había churrasco con patatas fritas, empanada, pimientos, ensalada y tarta de queso. Qué más se podía pedir.
También había llegado el padre de Ana, que había vuelto de pescar.
Marinero de profesión, se había recorrido el mundo de puerto en puerto. En su maleta llevaba historias de todo tipo que nos amenizaron la comida y que merece la pena que sean contadas, pero eso, en el próximo capítulo. Hasta entonces, sed buenos y portaos bien.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La difícil profesión del profesor

Hace unos días le comentaba a un amigo que yo, por lo general, siempre había tenido suerte con mis profesores. Claro que hay almas cándidas en todas partes que te pueden hacer una clase insufrible, pero cuando te encuentras a uno bueno, vale por tres.

Recuerdo perfectamente las charlas apasionadas de mi profesor de Literatura. Él no leía, interpretaba los textos. Su voz te envolvía sumiéndote en una especie de trance y dejabas la clase atrás.
Nadie hablaba, porque todos estábamos sobrecogidos, escuchando versos o entendiendo textos que antes nos hubiesen parecido infumables. Me sentía una más en "El club de los poetas muertos" y salía del aula aletargada declamando "Oh, capitán, mi capitán".
Sus exámenes no eran fáciles de aprobar, no quería que volcaras tus conocimientos, quería que le inspiraras y había que engancharlo con la fuerza de tus palabras, aunque se tratase de un simple análisis.
Era exigente, pero nunca llegué tan lejos como cuando él salía a la palestra.

Igual que él, mis profesores de Historia me inyectaron el gusanillo de la investigación, la infinita curiosidad y la reflexión continua. Supe por qué el mundo era como era. La globalización estaba permanentemente en mi vocabulario. Seguí de cerca a Oriente Medio, EEUU, Rusia... Combatí en múltiples guerras y en otros tiempos, vi cómo se resolvían catástrofes económicas, cómo se ganaban derechos y libertades ficticios, a los que muchos aún no pueden acceder, por qué existen las fronteras y todos los intereses ocultos que establecen las reglas del juego.
En Antropología me atraparon las perspectivas que pueden dar otras culturas -pese a que Europa considere que algunos pueblos aún no han evolucionado como los occidentales-, además de la belleza y el significado de los mitos.
La Sociología me abrió las puertas de la mente humana y sus complicados entresijos; el cine y la fotografía me enseñaron a ver por primera vez; la filosofía, a pensar en abstracto; la ciencia, a descubrir las leyes de la naturaleza, etc., etc., etc.

Es cierto que soy una persona a la que le gusta sacar el máximo provecho a todo lo que hago y que hasta donde parece imposible, encuentro algo interesante, pero creo que cuidar nuestros conocimientos es un deber, además de un derecho.

Que la Educación sea pública y se imparta en igualdad para todos es un lujo, si comparamos España con países como Afganistán, la India, Perú, el Congo... donde muchos niños darían lo que fuese por ese privilegio. En su lugar, tienen que trabajar en lo que sea para ayudar a sus familias a salir adelante, si las tienen, si no, luchan por ellos mismos.

Yo soy licenciada y ahora no encuentro trabajo, pero mis años de estudiante fueron el mejor regalo que podían haberme hecho jamás. No me imagino lo que sería estar en la misma situación sin todo aquello que me enseñaron. Las desgracias parecerían peores sin el consuelo que ahora me da el arte y los problemas me comerían viva al no saber buscar soluciones. No hay nada, de ninguna asignatura, que no me haya servido en el día a día.

Por eso, no puedo entender que a mi mail puedan llegar cartas como ésta, de una profesora desesperada ante el retroceso social en materia de cultura en el que estamos inmersos.
Me la pasó Carapuchiña y no pude comprobar las fuentes, puesto que es un mensaje en cadena, pero sea cierta o no, creo que es una reflexión muy buena que debería tenerse en cuenta. Dicho esto, la transcribo a continuación:


El síndrome Belén Esteban*

Como profesora, las preguntas de los alumnos que más me cuesta responder convincentemente son sobre porqué hay que estudiar cosas que a ellos les parecen inútiles o absurdas, como la Historia o la Geografía. Yo tengo claro qué me aportan a mí, pero de todas las razones que hay para estudiar estas cosas, yo les hago hincapié en lo necesarias que son estas disciplinas para comprender el mundo en el que viven: las coordenadas de espacio y tiempo, que al fin y al cabo son las que tratan la Geografía y la Historia , nos ayudan a conocer el sitio que ocupamos en el mundo y a comprender de dónde vienen todas nuestras realidades. Que todo eso les puede parecer ajeno y absurdo, pero que muchas de las cosas que estudian tienen que ver con su vida real y que, quieran o no, les afectan. 




Por ejemplo, ¿quieres saber por qué tienes a tu lado a un compañero que viene de Ecuador? ¿por qué habla el mismo idioma que tú? ¿quieres entender por qué un señor, por nacer con el apellido Borbón, va a ser "rey" y el Estado Español le va a dar mucha pasta (que vendrá de los impuestos que tú pagues de mayor)? ¿por qué lo que digan unos señores europeos en Bruselas va a repercutir - y mucho - en tu vida? Todo eso es geografía. Todo eso es Historia.

Algunos entienden qué quiero decir, otros no. Yo no llevo mal las preguntas, las protestas... son críos. Es normal. Donde me desarman del todo y me dejan sin respuestas es cuando me dicen que todo eso les da igual. Que para qué quieren saber dónde está Marruecos, si no van a ir nunca. Para qué conocer el tipo de elecciones que hay en España, si ellos no tienen la intención de votar jamás. Que les resbala que haya una guerra en Irak, que media África se esté muriendo de hambre o que la Unión Europea diga "bla". Si ni siquiera les interesa eso, imaginaos lo complicado que me resulta hacer que se interesen por lo que hacían señores de hace cinco siglos, por muy apasionante que yo intente pintarlo.

Y, Lo que llevo peor con diferencia, es esa actitud de orgullo con el que exhiben su ignorancia y su cortedad de miras. Esa actitud de "no sirve para nada, no me interesa. Eso que cuentas y a lo que dedicas tu vida es una mierda. Yo quiero jugar a la Play / irme de compras al Centro Comercial y ya". La tienen conmigo, que enseño Historia, pero también que los profes de lengua, de biología, de matemáticas. El desprecio por los libros, por el Arte, por la Cultura , por las Ciencias... no es algo tan raro, y puede conmigo.

Últimamente esa actitud está más de moda que nunca. Tenemos una perfecta encarnación en la dichosa Belén Esteban, que no sabe nada, no quiere saber nada y se jacta de ello. La mala educación, la zafiedad y la ignorancia puestos en un pedestal día tras día. Todo el mundo la aplaude porque ella es "auténtica" (signifique lo que signifique eso). Conozco a mucha gente a la que le gusta ver a la Esteban y es curioso, porque hay toda clase de personas entre su público. Entre ellos, los que más me llaman la atención son dos tipos: la gente que tiene (o cree que tiene) más educación que ella y la ve como un divertimento, incluso algunos como un consuelo (yo soy mejor que ella), o los que son como ella, que han visto como la ignorancia y la mala educación también te pueden hacer triunfar en la vida y que hay que sentirse orgulloso de ello. Eso me da miedo: que se extienda y que sirva de ejemplo a más bobos, que opinen que el no saber nada es estupendo. Que el presumir de ser zafio e inculto se convierta en políticamente correcto y sea bien visto.








"Eh, que yo no quiero ayuda de nadie, que no necesito ayuda, leche" dice la Esteban en un momento de estos cuatro minutos de despropósitos. "Como yo no he pillado esa revolución -la industrial- tres narices me importa" -un argumento que podría haber empleado uno de mis peores alumnos.
En fin... lo grande es que estoy convencida de que la mayor parte del público (y muchos de los de las mesas) no tenían ni idea de que la chica estaba metiendo la zarpa hasta el fondo y más allá y reían y aplaudían porque lo decía el regidor.

Entendedme: yo no critico a la gente que no sabe. Yo no sé mucho de tantísimas cosas... tampoco creo que tenga que ser motivo de vergüenza el no haber estudiado, el no hablar correctamente o el tener lagunas de conocimiento. Lo que me revienta es la actitud contraria, la exhibición con orgullo de la ignorancia y el menosprecio a cualquier cosa que huela a sapiencia. Me duele el desprecio a la educación, en todos sus sentidos. Me duele... y me da una pena que me muero. 


A mí también.

*Belén Esteban es la ex mujer del torero Jesulín de Ubrique, la chica delgada y teñida de rubio que aparece en el vídeo de Youtube. La razón de su importancia para que salga en la televisión, aparte de casarse con el diestro, se basa en que ella misma, con su pobre vocabulario y su incultura, se erige como representante del ciudadano medio en numerosos debates y tertulias televisivas.
Por desgracia, es más conocida en España que el escritor portugués José Saramago, que murió recientemente, por poner un ejemplo (foto dcha.)

jueves, 9 de septiembre de 2010

La tarde para mí

Esta mañana la pasé escuchando discursos sobre prevención de riesgos laborales.
No, no estoy loca. Todavía no encuentro ninguna satisfacción en saber qué tipos de andamios hay, cómo debe ser el arnés para hacer trabajos en las alturas o conocer los efectos de una lista interminable de sustancias químicas, entre otras muchas maravillas. Sobre todo, cuando el curso que hago es de diseño gráfico.
Aunque bueno, quién sabe, tal y como están las exigencias en Infojobs...

- Así que Laura -comentaría el entrevistador- Licenciada, con máster, idiomas, cursos de informática... Conocimientos de diseño web, diseño gráfico, redes sociales, blogs... Mmmm... Todo esto está muy bien, pero... ¿sabe hacer el pino puente?
- ¿Cómo? -diría desconcertada.
- Sí, el pino puente. Verá, es que... No se lo tome a mal, pero son muchos candidatos y muy buenos, así que pensamos quedarnos con aquel que sea capaz de hacerlo. Es... simplemente una forma de descartar.

 Foto de Selena, publicada en http://esp.funiacs.com/fotos-comicas/18844/Gatita+gimnasta

- Ah, pues... no, no sé hacerlo.
- ¡Oh, cuánto lo siento...!
- Pero sé qué tipo de arnés se necesita para pintar una fachada.
- ¿En serio? ¡No me diga!
- Sí, y también sé cómo prevenir incendios.
- ¡Vaya! ¡Estoy impresionado!
- ¿Síii?, ¿me contrata?
- Bueno, pues... dadas las circunstancias, tendré que decirle que... no, no es lo que buscábamos, pero puedo asegurarle que la tendremos muy en cuenta. Es más, casi podría garantizar que la pondremos de finalista. Qué me dice.
- ¿De verdad? ¿De finalista? ¡Qué honor! Es lo máximo a lo que he aspirado hasta ahora.

En fin, esperemos que este diálogo nunca se produzca, por el bien de la humanidad, pero los riesgos laborales tengo que estudiarlos igual, quiera o no.
Es una iniciativa de la Xunta. Como desempleado puedes hacer cursos de formación gratuitos, pero también estás obligado a hacer un módulo de Igualdad, Medio Ambiente o éste de Prevención. Si no, no te dan el título.
Los dos primeros días fueron insufribles, para mí y para toda la clase, porque, aunque el aula tiene ordenadores, se colgó el acceso a Internet (#&%$=# compañías telefónicas), así que nadie sabía qué hacer para sobrellevar aquel soberano aburrimiento de cinco horas de leyes, normativa, etc.
Hoy, afortunadamente, los informáticos lo arreglaron y fue como un regalo caído del cielo. Hice tantas y tantas gestiones online que tenía pendientes, que hasta llegó un punto en que las tuve que inventar. Cualquier cosa por estar ocupada.
No es que no hiciera caso a la profesora, intervenía de vez en cuando, pero con un tema tan apasionante el cerebro parece expandirse y te pide más y más información paralela. Vamos, que puedo hacer varias cosas a la vez. Sin problema.
Pero, a lo que iba, que acabé tan saturada, que hoy me fui a pasear. Ahí se quedó el ordenador en casa, el cuadro al que ayer dediqué cuatro horas y el bloc de notas también, esta vez, con la enciclopedia encima.

- Me voy de tiendas -me dije.

Y fui a comprar tinta para la impresora.

Cobro el paro, tengo que evaluar mis necesidades y decidir qué es lo primordial, aunque -no voy a mentir- me guste la ropa.
Abrir el armario y decidir qué me voy a poner es un placer, como jugar a las mariquitas (muñecas recortables).
Los colores me motivan mucho. No me siento igual el día que me visto de amarillo, que el que llevo rosa. Pero hay que comprar "con xeito", es decir, con cabeza. Si no se puede, no se puede.
Pese a todo, una es coqueta y desfila por las tiendas capturando ideas. De momento, por mirar no cobran y la imaginación también viste.
Así que echando un ojo, aprendí cómo se pueden hacer flores con cremalleras, diademas con plumas, customizar una camiseta vieja con botones, aprovechar un coletero para decorar una chaqueta Y, reciclar temporadas pasadas y colarlas como -parafraseando a la Vogue- prendas IN.


 Mariquita recortable. Imagen publicada en: http://agrifonte.com/reinodelguisante/wp-content/guisantes/2008/02/mariquita.jpeg

Es más divertido eso, que tener cosas nuevas.

Sin embargo, estoy en contra de la catalogación social que supone "disfrazarse" de una manera o de otra.
Lo digo por la cantidad de gente que no es valorada o aceptada por su forma de vestir.
Hoy me crucé con una señora bajita y gruesa, con jersey a rayas violetas y verdes y una falda de tubo que le subía hasta el pecho, intentando que fuese atendida en unos grandes almacenes.
Después de pasar de ella varias veces, le contestaron de forma seca y rotunda y ni siquiera la miraron a la cara cuando le estaban cobrando.
Es una persona, aparte de su cliente, por las dos cosas se merece un respeto. ¿Qué memeces son ésas?
Pero así es, la imagen lo es todo, porque nos hemos vuelto idiotas.

Además, me preocupa sinceramente la mecanicidad de aquellos que entran en un centro comercial.
Hay padres que se olvidan de sus hijos. Me los he encontrado solos, a varios metros de ellos, mientras sus progenitores escarbaban en las gangas. Me gusta guiñarles el ojo y sonreírles, cómplice de su hastío. Cualquier día me los llevo, como el flautista de Hamelin. Después los devolvería, pero por lo menos que los padres supieran lo que es un susto, a ver si se daban cuenta de que un niño es una responsabilidad.

También vi a un chico en silla de ruedas, esperando solo frente a los probadores de mujer, cargado de ropa femenina, como si fuese un perchero.
Intentó moverse en el reducido pasillo para dejarme pasar.

- Perdona -me dijo.
- Tranquilo, voy por allí -contesté señalando otra parte.

Otras chicas no tuvieron esa consideración y pasaron delante de él, esquivándolo con dificultad y casi dándole con el bolso, porque allí había unas chaquetas "chulísimas".
Juro que ni le veían.

Y por último está toda esa tontería de tirar lo que ya no se lleva. Hay personas que vacían cada temporada el armario de ropa que está casi sin usar, porque ahora hay que ponerse pantalones pitillo, pirata, leggins o la funda de la plancha. ¡Pues yo los tengo normales, de tiro flojo y cintura alta! Son de los años noventa, muchísimo más cómodos ¡¡¡Y NO SE ME VE LA RAJA DEL CULO!!!
Si es que hay cosas incongruentes, por Dios, apliquemos la lógica.

Pero ante todo y en estos casos, como me contaron una vez mis padres, tengamos siempre presente que: "El hombre más feliz del mundo no tenía camisa".